
Sherlock Holmes (Robert Downey Jr) siempre ha sido el tipo más listo de la habitación... hasta ahora. El Profesor Moriarty (Jared Harris), un genio del crimen, hace acto de aparición, y no sólo es el símil intelectual de Holmes, pero su capacidad para el mal, junto con una falta total de conciencia, en realidad puede darle una ventaja sobre el reconocido detective. Cuando encuentran muerto al príncipe heredero de Austria, la evidencia, según lo interpretado por el Inspector Lestrade (Eddie Marsan), apunta al suicidio. Pero Sherlock Holmes deduce que el príncipe ha sido víctima de un asesinato, un crimen que sólo es una pieza de un rompecabezas mucho más grande y portentoso diseñado por Moriarty. Mezclando los negocios con el placer, las pistas conducen a Holmes a un club de caballeros donde él y su hermano, Mycroft Holmes (Stephen Fry) brindan por la despedida de soltero del Dr. Watson. Es allí donde Holmes encuentra a Sim (Noomi Rapace), una adivina gitana que ve más de lo que quiere decir, y cuya relación con el asesinato del príncipe la hace la siguiente en la lista del asesino. Holmes se las arregla para salvar su vida y, como recompensa, Sim acepta en ayudarle en el caso. La investigación se vuelve aún más peligrosa cuando Holmes, Watson y Sim van más allá del continente, desde Inglaterra, pasando por Francia, Alemania y finalmente Suiza. Pero el astuto Moriarty siempre está un paso por delante mientras teje una telaraña de muerte y destrucción, todo parte de un plan mayor del que, si tiene éxito, cambiará el curso de la historia.
La película fluye sin demasiadas complicaciones. Un argumento entretenido. Muchos tics de la primera. Eso sin duda alguna. Pero en su apropiado contexto. Tengo que reconocer una especial predilección por Robert Downey Jr, todo un ángel caído de Hollywood que ahora lleva cuatro años verdaderamente gloriosos para su bolsillo y para su imagen en el cine comercial. Sin duda que aquí despliega sus armas. Continuando con el personaje golfo pero nunca despreocupado, sensible aunque trate de oscurecerlo con una pátina de aparente indolencia.
Sin olvidar, ni mucho menos, al resto de un nutrido elenco que nos recuerda, cada vez más, los gloriosos proyectos dirigidos por Guy Ritchie. Nombres como Jude Law, Noomi Rapace, Rachel McAdams o Jared Harris, son buen ejemplo de ello.
Si algo le podemos recriminar a Guy Ritchie es que, en ocasiones, caiga en sus propias trampas. Con un argumento que corre el peligro de perderse, por aquello de la complejidad del personaje y de sus habituales tramas enrevesadas. Pero como la piedra que rebota en el estanque, consigue para saltar un tramo más en su imposible vuelo. No tenemos mucho más que decir sobre ella. Acudamos a nuestro multicine favorito, y disfrutemos de un entretenimiento con soltura.
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